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De vender sillas de ruedas a construir la IA que las vende

En 2016 entré a una empresa de equipos de movilidad —sillas de ruedas, scooters, camas hospitalarias— por el lado comercial. No sabía programar. Estudié Negocios Internacionales. Mi trabajo era vender y entender al cliente.

Hoy diseño y opero la inteligencia artificial que mueve esa misma empresa. Y no aprendí en un bootcamp ni con un título: aprendí construyendo, equivocándome, y volviendo a construir, con clientes reales esperando del otro lado.

El problema no era la tecnología. Era el cuello de botella.

Como comercial, veía el mismo patrón todos los días: llegaban decenas de mensajes por WhatsApp, muchos de madrugada o fin de semana, y nadie alcanzaba a responderlos a tiempo. Cada mensaje sin contestar era una venta que se enfriaba. El negocio no perdía por falta de demanda; perdía en la respuesta.

Ahí entendí algo que hoy es el centro de mi trabajo: la IA no sirve para impresionar, sirve para resolver un cuello de botella concreto. Si no ataca un dolor real del negocio, es un juguete caro.

Lo difícil no es que el bot responda. Es que responda bien.

Construí agentes de IA en WhatsApp que hoy manejan entre 50 y 100 conversaciones de ventas y soporte al día. Pero el reto de verdad no fue hacerlos hablar —eso hoy lo hace cualquiera—. El reto fue hacerlos confiables.

Un bot que le inventa un precio a un cliente, o que promete algo que la empresa no puede cumplir, hace más daño que no tener bot. Por eso mi obsesión son las guardas: reglas que impiden que el modelo mienta, invente stock o cierre una venta que no le corresponde. Cuando no está seguro, no adivina: pasa la conversación a un humano. Y cada noche una auditoría automática revisa que se haya comportado.

Esa es la parte que casi nadie muestra en las demos, y es justo la que hace que una IA sea segura de poner frente a un cliente de verdad.

Lo que me llevó del comercio a la ingeniería

Haber sido comercial primero es mi ventaja, no mi debilidad. Sé lo que un cliente pregunta a las 11 de la noche. Sé cuándo una respuesta tibia mata una venta. Sé qué objeción hay detrás de un «lo voy a pensar». Cuando construyo IA, no parto de la tecnología: parto del negocio.

En este blog voy a compartir eso: lo que he aprendido llevando IA de verdad a producción, las lecciones de operar un negocio, y las decisiones —buenas y malas— detrás de cada sistema que construyo. Sin humo. Cosas que funcionan.

Si tienes una empresa y sientes que hay un cuello de botella donde la IA podría ayudar —pero bien hecha, no de adorno— escríbeme. Es de lo que más me gusta hablar.

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